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Martes, 29 de julio de 2008

“escenas de matrimonio”

La pequeña pantalla de TV nos está dando unas sesiones nocturnas un tanto entretenidas; nos ofrece la visión de unas “escenas de matrimonio”, en las que se intenta insistentemente convencernos a los televidentes que cabe la posibilidad de alcanzar un día la ansiada felicidad humana en nuestro paraíso terrenal. ¿Eres feliz conmigo?, repiten machaconamente los protagonistas de las escenas. Claro, la pregunta es tan rastrera que la respuesta del interlocutor no puede ser otra que titubeante. Si yo me pongo en el lugar del preguntado, contestaría con una frase del antiguo y clásico escritor Orígenes: “el ser humano después de poseer la felicidad de aquí abajo puede llegar a ser miserable”.Tenía más razón que un santo, y eso que no lo es. La felicidad que las parejas se pueden dar no es más que un sucedáneo, ya que no deja de ser imperfecta e insuficiente para satisfacer plenamente el deseo humano de felicidad. Por mucho que se intente convencer de su segura firmeza, no se puede apartar la “espada de Damocles” sobre nuestras vidas amenazándonos continuamente a perder en cualquier momento los pequeños atisbos de felicidad, pues como mínimo se presenta enturbiada por el temor de la duda de poseerla o de perderla. Pero esto no es todo. Más de una vez uno de el protagonista se dirige al otro intentando encontra en él una respuesta en la que encuentre la razón de su vida: “dónde está lo que más quiero, vida mía?” Es el saludo que algunas veces da el marido a su esposa. Claro, la respuesta del uno da al traste con la pregunta del otro. La pareja nunca podrá llenar plenamente las ansias insaciables de felicidad, que los seres humanos llevamos dentro. Pues ese pretendido feliz amor humano por naturaleza no puede desprenderse del posible hastío que, con el correr de los años, enturbia la sana convivencia. La plena felicidad se la ha reservado el Creador para concedérsela sólo a todas aquellas criaturas que no rompan el cordón umbilical con El. Esta felicidad dista años luz de la seudofelicidad que los agentes humanos puedan pedirse y tanto mentan en las escenas de matrimonio.A esta felicidad que el Creador tiene reservada a sus criaturas, además de los dicho, le acompaña la seguridad de que Dios no se arrepienta y se vuelva atrás quitándosela. Aquí no cabe ni lo más mínimo de ser invadidos por los celos ni por el temor de que el amante le retire la confianza necesaria para que el amado se sienta siempre plenamente feliz.  

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Lunes, 28 de julio de 2008

el criminal etarra “chaos”



Bien sabemos todos que la pasta de que está hecho el criminal etarra “chaos” es completamente contraria a la de sus muchísimas víctimas, perpetradas por odio al resto de la sociedad, de la que él es imposible forme parte algún día, a causa de su determinada naturaleza de alimaña criminal.El principio de reinserción de la mayoría de los condenados radica en el supuesto de que su conducta antisocial ha sido, en parte, provocada por la misma sociedad, que crea bolsas de marginación y escuela de delincuentes. La pasta de esta gente desviada es la misma que la de todo mortal, simplemente que han sido moldeados por otros. En consecuencia, la sociedad que se siente responsable, intenta restituirles aquello que en su día les privó. Estamos ante ciertas personas que no son malas sino de comportamiento desviado y que cabe en su día la posibilidad de aplicarles las medidas penitenciarias de reinserción.Este no es el caso de la alimaña de Chaos y de otros muchos de su banda. En su maldad no ha tenido parte alguna la sociedad. El odio y desenfreno que le llevó a cometer tantos crímenes como hizo, y en lo sucesivo regodearse y brindar por los sufrimientos de sus víctimas, definen la naturaleza criminal de este individuo.  Esta realidad nos confirma que es imposible aplicarle ninguna medida de reinserción porque su maldad no se lo permite aceptarla con dignidad humana de arrepentimiento sincero y cambio definitivo de conducta.  Entonces ¿cómo se entiende que tantos cientos de años de condena hayan quedado reducidos a tan sólo venticinco?A esto hay que añadir la repugnancia que provoca en todo buen nacido la circunstancia que se va a dar cuando el etarra excarcelado gratuitamente se vaya a residir mezclado con sus contrarios, algunas víctimas de su terrorismo criminal. ¿Cómo se puede permitir la convivencia de un lobo feroz con las víctimas de su rapiña? La ley que permite esta situación es a todas luces injusta e inhumana.  

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Sábado, 26 de julio de 2008

antes se llena el papo que el ojo

Cuántas veces me repetía mi padre este dicho popular cuando terminaba de comer y me veía obligado a dejar comida en el plato, al que había acomulgado de comida contra la avertencia paterna, porque ya no me cabía en el estómago. Ves, hijo, cómo se llena antes el papo que el ojo? Y es que mi gula se sobreponía a la capacidad de entender lo que mi padre quería decirme con el adagio popular.  La reacción infantil se parecía más a la del perro dominado por sus instintos que a la de una persona que se sabe dominar ante los impulsos animalescos.  No en vano entonces no era más que una personilla; pero que yo no me tenía por tal. No te eches tanto que no vas a poder terminarlo, me decía mi padre. Que sí lo acabo, padre, le replicaba convencido. Qué engañado estaba. Mi padre conocía mejor que yo lo que iba a pasar.  Y es que todavía no era poseedor del uso pleno de la razón, pues aún no había llegado a la edad señalada como límite para tenerlo. Entre otras cosas me faltaba la experiencia y que mi padre sí tenía porque se la había dado su edad madura. Yo no podía relacionar lo que en aquel momento yo entendía como verdadero con lo que iba a resultar más tarde, para lo que se necesita la capacidad de comparar los dos términos. Esto sí lo tenía mi padre y por eso la experiencia le daría la razón. Mi reacción infantil algunas veces se enfrentaba a la advertencia paterna porque me parecía atentaba a mi libertad. Me consideraba lo bastante autosuficiente para creer saber lo que tenía que hacer entonces. ¡Que sí lo acabo! La equivocación seguía en mi inteligencia infantil y me hacía creer que elegía lo que más me convenía entonces. Pero no. La realidad le daba la razón a mi padre. Su hijo se movía más por sus instintos que por su menuda razón.

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Viernes, 25 de julio de 2008

la estrellita colgada en el firmamento

            



Recién desaparecida la abuelita, su pequeña nieta creía verla todas las noches observándola en lo alto del firmamento. Una estrella resaltaba de las otras y para la niña aquella brillante luz era su abuela. Y es que la había dicho su ama que la abuela Inés había ido con Dios, pero que seguía viéndola a ella desde el cielo. Para Estéfani su abuelita se había convertido en aquel lucerito brillante de las noches de verano. Aquella niña instintivamente deducía que si Dios es tan bueno, como tantas veces se lo había dicho la abuela, ¿no le iba a permitir asomarse todas las noches en el cielo para ver a su nietecita?La joven Estéfani hoy podría responderse también afirmativamente, pero con la explicación racional de que su abuela sigue viéndola desde el cielo, pero al igual que en un carpintero podemos ver representadas todas las mesas que han salido de sus manos. Porque también le diría alguna vez que ella era una creatura de Dios y como tal formaba parte de su Creador. Y así es como su abuela Inés ve reflejados en Dios a todos sus seres queridos que siguen caminando por esta tierra. Ahora bien, para su nieta la abuelita era muy buena con ella y con todos, por lo tanto, en el cielo estará también más cerca de Dios, lo que le permitirá consecuentemente ver mejor a su nieta Estéfani y a toda su querida familia.

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Jueves, 24 de julio de 2008

las urnas a mejor vida

 

 Una tarde de verano entré en un pequeño ayuntamiento y vi detrás de la puerta una polvorienta cabina y dentro dos urnas, que habían sido utilizadas en los recientes comicios. También me enteré que en aquel municipio sólo había habido una candidatura, pues nadie más que el alcalde anterior había presentado lista alternativa. Por lo que aquellas urnas y la cabina habían servido para poco o mejor, para nada.Pero lo curioso del caso es que el reelegido alcalde había salido no porque le hubieran elegido sino porque, al no haber voto alternativo, la gente pasó por alto la jornada electoral.Ciertamente aún podemos ver en estas circunstancia un cierto atisbo de de de actitud democrática, aunque una democracia muy enclenque. La libertad de aquellos paisanos se vio casi anulado, pues sólo les había quedada el casi imperceptible resquicio de alternancia; esto es, elegir al único candidato puesto o, como hicieron, rehusarlo, con la ausencia.A aquellos pocos electores se les había privado algo tan esencial en la democracia como el tener a consideración distintas posibilidades de elección. Las preferencias habían sido totalmente eliminadas. Estaban privados de ejercer el derecho a escoger su alcalde  De ahí que en aquel pequeño municipio las polvorientas urnas habían pasado a "mejor vida". 

 

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Miércoles, 16 de abril de 2008

sólo fue eso, un sueño...

Creo que una noche soñé haber hablado con mi madre, ya fallecida hace un lustro. Esto se lo conté a uno que me dijo que pudiera ser que no lo soñé, sino que realmente hablé con ella. Y esto, aunque ya hace varios años que se marchó al otro mundo. Pues aunque ahora sea espíritu sin más, sin embargo todavía puede mantener relaciones con algunos seres, aunque éstos todavían sigan viviendo en este mundo. Claro está que aquella posible conversación con mi madre, difiera bastante de las conversaciones que tuvimos en vida de ella. Y es cierto, que en el sueño no puedo precisar si vi o no los rasgos peculiares que le adornaba en vida. Y a ella le pasaría algo parecido con la visión que tuviera entonces de mi. Pues  de ser cierta la conversación su presencia no dejaba de ser de unos espíritu, que por ahora eso es.Tengo entendido que los espíritus en las relaciones con los de abajo se quedan en meras genralidades, sin poder bajar al mundo de lo concreto o singular. Para ello se precisa tener unos sentidos que capten las singularidades. Ellos ya no los tienen.No obstante la vida de la que goza mi madre en la transcendencia, es regalada por Dios creador y que le posibilita poder participar también de algunas cosas o  personas concretas y presente todavía en este mundo. Dios omnipotente les proporciona la capacidad de reverberar algunas veces el presente de este mundo, asimilándolo a la eternidad de la que ya están gozando. De modo que aquel sueño pudiera que no fuera tal sueño sino pura y simplemente realidad, pero incrustada en la misma esencia de Dios. Ahora bien en estas cosas o personas se ha dado una selección por parte del que tiene los plenos poderes. Y cosa curiosa, que los espíritus de nuestros antepasados queridos suelen relacionarsae con aquellas cosas o personas concretas con las que convivieron durante un tiempo en este mundo. En mi caso, esta circunstancia ayudó a mantener e intensificar las relaciones filiales. Pudo ser el mismo conocimiento que tuvimos en vida, en la que se hubo también correspondencia por parte de ella, así como  algunos sentimientos o tendencias coincidentes con los suyos. Dios le permitió a ella en aquellos momentos transformar a su hijo en una imagen que pudiera relacionarse conmigo, y a mi el buen Dios me concedió tener aquel precioso sueño.

 

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Martes, 01 de abril de 2008

la enfermedad

Paseando por un largo corredor del hospital, me asaltaban infinidad de ideas que a su vez se iban cruzando con los también paseantes enfermos. Aquellos débiles ambulantes iban a ser derrotados por su misma enfermedad, pues les arrebataba la salud.

 La enfermedad es privación de salud.Pero no, esto no es así, reflexionaba yo. Porque, vamos a ver. Lo que no existe, no puede actuar. Cierto. Entonces la enfermedad no es la causante del derrumbe físico de los enfermos, la enfermedad como tal no es nada, lo que sucede en el enfermo simplemente es privación de salud.Mientras iba metido en estos pensamientos, pasó un desconsolada mujer hablando consigo misma y diciéndose: el cáncer me ha llevado a mi marido. Acababan de llevar el cadáver al depósito. Para aquella ya viuda no había ninguna duda. El causante del mortal desenlace había sido el cáncer de pulmón. Se lo había oído a los médicos. La enfermedad lo había matado.La habitación del enfermo difunto estaba frente a la ocupada por un familiar mío, al que estaba visitando yo aquella tarde. Entonces pude enterarme que el enfermo de enfrente era un empedernido fumador. Para mis adentros aquella pobre mujer estaba confundida. El causante de la muerte de su marido no había sido otro que el tabaco. El criminal tabaco.Al final de la tarde marché del hospital y al llegar a casa busqué en un  librote algo que tenía de manera oscura en la mente y que creía me daría la respuesta firme a mis pensamientos del día. Y la encontré. Y la transcribí en mi libretita de notas: “el mal no obra ni es deseado más que en virtud del bien que lleva unido. Pues en cuanto tal,el mal no es un fin, y está fuera de toda voluntad e intención”. 

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Domingo, 30 de marzo de 2008

el fresquero

Todas las mañanas el vendedor de pescado fresco, de ahí que se le llamara el “fresquero”, venía al pueblo con su mercancía dentro de una caja de madera sobre el portaequipaje de su bicicleta. Se las daba de ateo y comunista, por eso también tenía un segundo apelativo “el rojo”. En cierta ocasión, tras una conversación con el caminero que estaba rellenando los agujeros de la carretera con tierra, no sin intención de hacerle saltar, Braulio el caminero le despide con una frase muy corriente en la boca de la gente del pueblo: “vete con Dios”. A lo que el fresquero respondió: “quédate tu con él que a mi no me hace falta”.Por lo visto, el fresquero ateo trabajaba para conseguir como todo mortal ser feliz , y tal vez, plenamente feliz. No sé de qué o de quién esperaría recibir esa felicidad. Lo cierto es que Dios estaba excluído de su esperanza. ¿Le haría feliz al fresquero el poco dinero recaudado en la venta del pescado? Es posible. Desde luego, era evidente, por sus conversaciones, que sus aspiraciones no estaban dirigidas a alcanzar metas transcendentes. Así como tampoco se conocía de él nada que pudiera empañar su natural moralidad. Sólo se sabía, porque así se confesaba, que era ateo y comunista.Ahora bien, lo que sí podemos deducir es que de Dios no esperaba ninguna felicidad. Y  menos la bienaventuranza perfecta, la última, que no es otra que la visión de Dios mismo, identificado con nuestro origen y nuestro fin.Pero esto me hace cuestionarme si está en nuestras posibilidades humanas la visión de Dios, tal cual es. ¿No está por encima de nuestras capacidades intelectivas?  Pues el conocimiento de cualquier criatura es según su modo de ser. Esto me lleva a pensar que cuando nosotros conocemos algo que está por encima de nuestra inteligencia, se da necesariamente que rebajamos la categoría de ese objeto de conocimiento, ya que al conocerlo lo asimilamos a nuestro modo de ser. Por el contrario, si lo que conocemos es inferior a nosotros, cuando lo conocemos lo elevamos de categoría, pues también lo asimilamos a nuestro ser.Igualmente, cuando conocemos a Dios, lo rebajamos de categoría al asimilarlo a nuestro ser, y por eso, entre otra muchas cosas nuestras, le atribuímos también nuestras imperfecciones. Por lo que el Dios nuestro en alguna manera siempre está tildado de nuestras deficiencias humanas. Por consiguiente, ni nosotros los seres humanos, ni ninguna otra criatura, puede conseguir adentrarse por los medios naturales  en la misma entidad divina productora de la felicidad última, a la que la mayoría de los mortales, con pequeñas excepciones, como la del “fresquero”, orientan su existencia.

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Sábado, 29 de marzo de 2008

La gran pantalla

 Este año las fiestas patronales de Villatorneros tenían que ser por todo lo alto. Pues el pueblo había sido agraciado con el primer premio de la lotería de las navidadades pasadas. El ayuntamiento, como corporación, también había participado en la suerte con una suculenta cantidad de euros. Así que podía hacer caso omiso de lo presupuestado para las fiestas y organizarlas sin ninguna mira al coste. Había que echar la casa por la ventana.La verbena principal no tenía nada que envidiar este año a la de cualquier pueblo cien veces mayor que el suyo. Sebuscaría el grupo musical más famoso del año en todo el país; en donde cantara el vocalista que ocupara el primer puesto de las listas y apareciera en las carteleras de la capital. Así también, fuera acompañádo por grupo de señoritas más conocidas en el mundo de la farándula. Lo mismo, el instrumental musical y sus músicos hubieran escalado la cumbre de la élite. Se va a enterar toda la contornada quien gobierna a Villatorneros. La comisión de festejos se puso manos a la obra. El escenario tenía que estar en consonancia a la música contratrada. El edil que encabezaba la comisión, había visto en las ferias de la capital que habían puesto una enorme pantalla a un lado del escenario para ayudar a la visión del espectáculo. Así que ellos no tenían que ser menos. Y una enorme pantalla fue colocada junto al escenario, en donde se proyectarían las imágenes de aquel famoso conjunto musical.La novedad de la pantalla confundió la mente de unas jovencitas calcetineras, las cuales desde el principio no se apartaron de las imágenes que se proyectaban en la gran pantalla, no dando mucha importancia la visión directa de los mismo artistas. Aquello era la novedad. ¿Estaban confundidas? Esa escena protagonizada por aquellas jóvenes, me ha surgido una reflexión transcendente. Ciertamente, ante la visión de la realidad de Dios tal cual es, según nuestra creencia, no se necesita tener delante ninguna otra imagen proyectada en cualquier pantalla por inmensa y sublime que sea ésta. La novedad no es esto, como era para aquellas jovencitas, sino la contemplación del mismo Dios tal como se nos presente, cara a cara. Entonces no necesitaremos ninguna imagen.

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Viernes, 28 de marzo de 2008

Los perros en verano

En mi tierra de origen es corriente el dicho: “quién fuera gato en invierno y perro en verano”. Ciertamente, la escena del perro gozando de la sombra en un mediodía caluroso de verano de Castilla, así como la otra escena de un crudo invierno del gato acurrucado y adormilado en las calientes trébedes de las cocinas castellanas, invita al ingenuo chiquillo a tenerles una cierta envidia natural. Tras una mañana de julio de trabajosa siega, mi abuelo y sus tres hijos que laboraban con él, se cobijaron a la sombra de una mata para comer. En esto que el perro les sorprendió olisqueando un fardel con la merienda dentro, y mi abuelo sin más preámbulos, asentó un bardascazo al perro que a todo gas huyó aullando. Y mi abuelo aprovechó la ocasión para dar una lección a un hijo que, frecuentemente se quejaba del trabajo, le había oído decir ese dicho. Entonces mi abuelo se dirigió a é diciendole: qué, Antonio, quien fuera perro en verano ¿eh? Mi tío Antonio aprendió bien la lección de su padre, pues luego fue siempre un bueno e ilusionado trabajador del campo. Hasta me atrevería a decir que era feliz trabajando. Qué gran filósofo era el abuelo. Bien sabía que la naturaleza que puede conseguir el bien perfecto es de condición más noble, racional, que la naturaleza de los irracionales, la cual se tiene que contentar con conseguir bienes imperfectos. El hombre puede ser feliz aunque para ello tenga que sudarlo. Mientras que el pobre animal, aunque nos parezca que es feliz sin necesidad de ningún esfuerzo, la realidad es que está muy lejos, de por medio un valle infranqueable que le hace imposible conseguir la felicidad. Por eso, mi tío Antonio pudo conseguir ser feliz a su manera ya acá anticipando la bienaventuranza que debe haber ya conseguido, ciertamente con la ayuda de Dios, mientras que aquel perro, el “navarro” terminó su vida muriendo en pleno invierno, obligado por mi abuelo a marchar de la casa porque se estorbaba: “perro, anda a la era”. Y allí fue a morir, ya viejo y de frío.

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Martes, 28 de noviembre de 2006

el chimpancé del zoo

 



Un grupo de escolares, dirigidos por la profe de una clase práctica de zoología, reían y manifestaban toda clase de chanzas ante una jaula de monos que, parecía querían divertir a la chiquillería. Un chimpacé les hacía toda clase de “monadas”.

La cara de los niños y niñas se mostraba reluciente por las carcajadas. Yo miraba de reojo, y esta escena llegó a producirme una especie de pena incontenible. Hasta llegué a imaginarme qué sucedería si dentro de la jaula estuvieran seres humanos y fuera, como espectadores, un grupo de monos.

Pero enseguida me autoconvencí de que ese intercambio de protagonistas era imposible que sucediera. Los humanos y los chimpancés pertenecemos a dimensiones distintas que nos separa un abismo infranqueable para ambos seres.

En el mundo de los humanos hay todo un entramado complejísimo de exhortaciones, consejos, preceptos, prohibiciones, premios y castigos que están orientados a regular el comportamiento humano. Nosotros desconocemos si los simios necesitan un complejo similar de normas para conducirse ensu vida.

  Seguramente, aquellos muchachitos estudiarán que en el mundo de los minerales las cosas suceden sin poderles achacar ningún juicio previo que les dirijan los movimientos. Los pedruscos caen rodando cuesta abajo por inercia natural. Y punto.

No sucede así con aquellos monos que les estaban entreteniendo aquella mañana soleada de otoño. Cuando veían al chimpancé mondando el plátano que le había tirado un compañero de clase, la profe les hacía notar que aquel simio hacía aquello sin darse cuenta de lo que hacía, pues se movía solamente por instinto natural. Y qué bien lo debieron entender aquellos alumnos, pues era algo parecido a lo que ellos hacían a escondidas en la clase anterior al recreo de media mañana. No se pueden aguantar y esperar unos minutos para cuando salen al patio. Tienen tanta hambre que se les hace casi imposible no echar mano del bocata que guardan en la mochila. Pero sí lo consiguen, pues hay una norma que les prohibe comer dentro de las aulas, y pueden ser castigasdos si les sorprenden comiendo.

Los profesores llegar a dudar de sus alumnos, si muchas veces sus escolares adolecen de capacidad racional de análisis, necesario, por su parte, para juzgar sobre lo que deben evitar o buscar lo más conveniente para ellos. Peor la profe vence la tentación, pues sabe muy bien que su clase está formada por unas veinticinco personillas, no una manada de animalitos, al igual que aquellos chimpacés encerrados en la jaula del zoo.

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Sábado, 18 de noviembre de 2006

fotos satélite

Yo puedo hablar por experiencia cuál es la visión de lo de abajo desde la altura de un avión reactor. Se ve todo en conjunto no en detalle. Las ciudades y más aún los pueblos forman manchas oscuras más o menos señaladas dependiendo de la altura que ha cogido el avión. Las carreteras, autopistas y autovías, ferrocarriles, los ríos forman un entramado similar al entrelazado de venas del cuerpo humano.

Y haciendo referencia a las fotos que se hacen desde el satélite, la vista de nuestro suelo se presenta más difuminada, de modo que sólo se ven las imágenes, prescindiendo completamente de los detalles.

Algo parecido debe suceder cuando el ser humano, situado en la transcendencia, echa la mirada hacia lo que se encuentra en la realidad inmanente. Todo se debe visionar en conjunto, sin poderse detener en los detalles que se dan en el tiempo.

Cuando nos encontramos formando parte de la realidad, se cumple lo que el filósofo Ortega y Gasset decía precaviéndonos del obstáculo que nos podríamos encontrar en nuestra mirada, que “la visión de los árboles nos impiden ver el bosque”. Para obviarlo, es preciso alejarnos de los detalles para captar la realidad en su conjunto. Por eso, para fotografiar el panorama tenemos que hacerlo desde una avioneta, un helicóptero, un avión, un satélite. Desde estas plataformas se nos permite ver la realidad de abajo de modo simultáneo superando la limitación que lleva consigo la visión del mundo, de modo sucesivo.

Pues bien, transladando los presupuestos anteriores a los niveles transcendentes, podemos deducir que las cosas que se ven en el Ser Absoluto las conocemos simultáneamente tal como las encontramos en la esencia divina.

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Viernes, 17 de noviembre de 2006

el caballero de la mano en pecho

¿No estaría mejor que el artista hubiera pintado la figura del caballero sobre un fondo menos oscuro? Que osadía la mía el querer enmendar al Greco su excelso cuadro “el caballero de la mano en pecho”.

Yo había leído que a la perfección de la totalidad de las cosas no pertenece más que el ser y la naturaleza. Conceptos que se exluyen de la definición del mal. Y como el color negro siempre se ha tenido como símbolo de lo negativo, del mal, de lo desagradable, habría que desecharlo de las obras artísticas para lograr su perfección.

Entonces pensé usar el programa infomático “paint” para perfeccionar, por mi cuenta, la obra del Greco. Aplicando sobre el fondo negro una combinación de variados colores, quise eliminar o disminuir la oscuridad que llena el noventa por cien de la totalidad del famoso cuadro.

Ingenuo de mí, no había caído en la cuenta de la veracidad que encierra la afirmación metafísica que el mal es un elemento necesario para la perfección de la totalidad de las cosas. Y mi intento artístico fracasó. La foto retocada quedó hecha una amalgama de colorines de tal manera que los colores originales del pintor quedaron anulados por completo. No tuve más remedio que destruir “mi obra artítica”.

Y es que tenía que haber pensado que el contraste del color negro con los otros colores es necesario para conseguir la perfección artística. Si hubiera leído antes aquello del filósofo Agustín que “la admirable belleza existe a partir de la totalidad. En dicha belleza, el llamado mal, si está bien ordenado y en su sitio, hace resaltar aún más lo bueno”. Yo no sé si el Greco conocía la cita, pero lo cierto es que en “el caballero de la mano en pecho”, contrastó perfectamente el fondo negro con el resto de la figura.

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Jueves, 16 de noviembre de 2006

El plantío talado

Mientras las ruidosas sierras mecánicas iban derribando los chopos del plantío, situado a la vera derecha del río, éstos caían al suelo quejándose de su suerte. Y se preguntaban unos a otros: ¿porqué estos humanos nos están talando? He oído comentar a los cortadores –decía uno de aquellos chopos- que ya somos viejos y estamos invadidos de un mal que nos va secando.

Las sierras seguían haciendo su labor taladora. Y con el ruído de fondo, los chopos que iban cayendo al suelo seguían cuestionándose porque les pasaba eso a ellos. Y un chopo que cayó al mismo cauce del río, porque estaba tan cerca que sus raíces llegaban hasta el agua mismo, se quejaba amargamente, pues había pensado tal vez se libraría de la tala, por creerse sano, ya que estaba chupando continuamente la humedad. Pero también estaba enfermo y tal vez –como los otros chopos que también gozaban de misma situación- la enfermedad se la había provocado el exceso de humedad. Por lo menos, eso decían los madereros taladores.

Pero también había quien de entre aquellos chopos achacaba su mala suerte a la visita de un mal que les había contagido a unos cuantos. Eso no puede ser –replicaba un tronco esmirriado que había caído sobre otro muy grueso- pues de ser así, este tronco también estaría contagiado por el mal y sin embargo, he oído decir a los leñadores que eras un chopo muy sano. Y como éste también hay otros muchos chopos.

Otro intervino diciendo que los dañados por el mal eran unos pocos, pero nuestro dueño –añadió- ha pensado que nos podría entrar el mal y estropearnos los demás; y por eso ha mandado talarnos a todos.

Y un tronco, que se las daba de intelectual, intervino diciendo que el propietario del plantío estaba muy equivocado, pues les aplicaba a las plantas la teoría apropiada al ser humano. Pues en los vejetales los males naturales se dan escasamente, no así en los humanos que parece que el mal se da a menudo. Sencillamente porque ellos, la mayor parte de las veces, se guían más por lo sensual, donde radica el mal, que por lo racional, sede del bien humano.

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Martes, 14 de noviembre de 2006

¿Qué le queda a Einstein?

Qué le va a quedar al científico Einstein, pues, nada; ya sabéis aquello de “muerto el perro se acabó la rabia”. ¿No se dice que el mundo sensitivo pertenece al mundo material? Entonces, todo lo que pertenece a esta materialidad, memoria, imaginación y demás, está llamado también a correr la misma suerte que la materia; esto es, desaparecer. El cuerpo de Einstein, bien claro está, que lleva ya muchos años criando malvas, en consecuencia, su altísimo saber científico ha seguido la misma suerte.

Pero yo me resisto a ceptar sin más el dar al prestigioso científico el mismo destino que damos a los animales que residen en la dimensión inferior a la de los seres humanos.

Ciertamente, la ciencia radica en la facultad eminentemente humana, la inteligencia, aunque con alguna sutil conexión con las facultades sensitivas. La adquisición de los altos saberes científicos de Einstein, obra de su preclara inteligencia, no pueden, de ninguna manera, perderse como se pierden las imaginaciones y los recuerdos, facultades sensitivas.

El filósofo en su libro “De la longitud y de la brevedad de la vida” nos proporciona una pista de solución. Algo puede destruirse cuando es sustituído por su contrario, y también sucede lo mismo cuando se corrompe el sujeto en el que está asentado.

Como en el caso de Einstein la ciencia radica en un sujeto incorruptible, la inteligencia, entonces todos sus saberes científicos participan de su incorruptibilidad.

Sin embargo, es cierto que cuando la inteligencia trabaja construyendo la verdad, se encuentra con la contrariedad, ya que la falsedad en la proposición o en el razonamiento es contraria a lo verdadero. En este sentido, a veces, la ciencia es destruída por su contrario. El mismo Filósofo admite así que la ciencia se destruye, entre otros, por el engaño, por una argumentación falsa.

Pues bien, no es el caso de Einstein dado el estado en el que se encuentra actualmente, después de haber transpasado la barrera del tiempo iontroduciendose en la eternidad, en la que ya no cabe ni falsedad ni engaño. Por lo tanto, hay que concluir que Einstein sigue siendo tan excepcional científico como lo fue en vida.

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